sábado, 7 de mayo de 2011

Brasil: la buena educación, sensaciones de un viajero.

Mientras cruzaba el Atlántico de vuelta a casa, venía recordando lo mucho que aprendí durante los días que se desarrolló el simposium que tan magníficamente organizó ANPAE, ver la entrada anterior del blog para más información, todo ello coordinado y dirigido bajo la experiencia y sabiduría de Benno Sander, Presidente de Anpae Brasil hasta la celebración del evento, pues durante el mismo y en un hermoso acto de paso de poderes, cedió la presidencia a Marcia Angela da silva, otra excelente profesora y experta en temas de política educativa.

La experiencia de las jornadas de trabajo ha sido realmente magnífica, pues se ha contado seguramente con los mejores profesores en la materia: Emilio Tenti, Pablo Gentilli, Fernández Enguita, Licinio Carlos Lima, Juan Carlos Tedesco, Benno Sander, Marcio Pochmann, Miguel González Arroyo, Dalila Andrade, Juan Casassus, Luis Carlos Freitas, Marcia Angela da silva, etc. Para más información aquí.
Además de más de 800 comunicaciones y presentaciones de profesores de las diferentes universidades brasileñas y responsables de política educativa en diferentes organismos.

Pero si en ese ámbito era razonable esperar lo mucho que se pudo aprender, aún nos sorprendió mucho más la buena educación que pudimos comprobar en la visita a la ciudad de Sao Paulo, justo el día del trabajo.

Lo primero que sorprende de Sao Paulo es la amabilidad de las personas que la habitan. El día primero de mayo, salimos del hotel con el fin de disfrutar de un día de visita a la ciudad, subimos al metro y nada más hacerlo, un joven de unos catorce o quince años, de esos con los pelos en cresta, nos cedió amable su asiento. Poco después de bajar del metro y aún dentro de la estación, una pareja joven se acercó para aconsejarnos que no era prudente llevar la cámara fotográfica colgada al cuello. Instantes después aún dentro de la misma estación, nos paramos a ver donde se encontraba la salida a la calle que nos interesaba y casi sin darnos cuenta teníamos a nuestro lado otra joven que hablándonos en inglés nos ofrecía ayuda e información.
Minutos después visitando la catedral ortodoxa de la ciudad, observando el lugar donde se encienden las velas y al preguntar a mi compañero dónde podía conseguirlas, sin darme tiempo a finalizar de preguntar, una amable señora se acercó y me entregó tres velas para que yo pudiera encenderlas.

Luego pudimos ver las actuciones y exposiciones sobre afrobrisileños,  artesanía, publicaciones de diferente tipo, poster, etc. Todo ello ubicado en pequeñas carpas en un amplio espacio público.

Así trasncurrió parte de la mañana visitando y aprendiendo que más allá de los estereotipos y prejuicios, una inmensa mayoría de la población de Brasil tiene una muy buena educación, lo cual no evita que existan lugares o personas que por diversas circunstancias tienen otra vida y otros valores.


Al final de la mañana de pronto el agua empezó a caer como si no quedara tiempo de hacerlo, con una gran fuerza y abundancia. Nos pudimos refugiar justo en una carpa donde había un excelente material sobre la lucha por la igualdad y los derechos de los menos favorecidos.

Refugiados con nosotros había algunos policias a los que pudimos preguntar por el lugar más próximo donde encontrar un taxi, pues estaba llegando la hora de regresar al hotel. Nos dirijimos a la calle que ellos nos indicaron, ya sólo caía una débil lluvia, y efectivamente encontramos el taxi, era un señor que bien seguro pasaba los sesenta, y aunque llevabamos mapa de la ciudad y conocíamos las calles para indicarle, el señor no sabía donde se encontraba nuestro hotel. Sin decir nada se dirigió donde había taxis parados para que otro compañero suyo nos llevase. Cuando paró le preguntamos para pagarle y no aceptó nada y nos dijo que el otro compañero nos llevaría donde ibámos. Y así fue.

Seguramente estas anécdotas puedan parecer insignificantes, pero les aseguro que son una muestra de mucha y muy buena educación, seguramente los maestros de estas personas y sus padres se sentirían bien orgullosos de ellos, pues demostraron algo realmente importante y es la sensibilidad y la buena educación que no miden las evaluaciones internacionales, esas que tienen a todos los países y gobernantes preocupados, esas que dicen que los escolares de unos países saben mucho más que otros, por ello nos podríamos preguntar ¿de qué saben más esos que obtienen tan buenos resultados ? de matemáticas o de ser personas capaces de compartir la vida y de hacer un mundo más justo. A alguien podrían sorprenderle estos comportamientos, a nosotros no después de lo vivido y viajado desde luego que no, pero aún podría sorprenderle más si les digo que todos menos una de las personas citadas eran de raza negra.

Seguramente, ese mismo día y esa misma hora, pudieron suceder cosas bien distintas a otras personas, pero a nosotros solo nos sucedió lo que acabas de leer; mucha amabilidad y un trato delicado por parte de brasileiros y brasileiras.

En fin, no quiero extenderme pero les aseguro que la vida y la educación son un derecho inalienable de las personas y si todos desde nuestro pequeño espacio vital nos lo proponemos, seguro que podemos construir un mundo mejor.

Gracias Sao Paulo por la lección de tus gentes, siempre os llevaremos en nuestro corazón.