martes, 18 de junio de 2013

FIN DE CURSO: HAMBRE Y EDUCACIÓN



Es normal por estas fechas en España que las familias y los alumnos estén preocupados por las calificaciones de sus hijos. Hasta esto, que parece lo más lógico pues el curso está tocando a su fin, ha sido cambiado por la crisis.

Este año la preocupación más importante de un buen número de familias no son sólo las calificaciones de sus hijos, sino que lo es una necesidad mucho más básica, es decir están preocupados porque sus hijos no pasen hambre.

Tal es la situación de tantas y tantas familias que instituciones como ayuntamientos, consejerías de educación y otras organizaciones, han decidido que los centros escolares permanezcan abiertos durante las vacaciones estivales para que los niños puedan recibir una alimentación básica al día. Pues un gran número de familias no ingresan los recursos necesarios para poder garantizar esa alimentación.

Otro fenómeno similar que se está produciendo entre las familias españolas es la vuelta a casa de los abuelos y abuelas desde los hogares o residencias de mayores. La razón es la misma. Como existe un gran número de familias que no tienen ingresos, han decidido que los abuelos que antes habían sido dejados en los hogares de mayores, entre otras razones porque todos tenían trabajo y nadie podía atenderles, ahora con la crisis y el paro,  muchas familias completas no tienen ni trabajo y tampoco ingresos, por lo que han decidido sacar a los mayores de las residencias y al menos con el dinero de la pensión pueden hacer frente a las necesidades más básicas.

La reflexión que se puede hacer de todo esto es: ¿Dónde está la educación y los principios éticos y morales de quienes nos han traído hasta aquí? ¿Qué mundo de egoístas estamos construyendo? ¿Quién gobierna la economía mundial? ¿Por qué unos pocos son tan ricos y una gran mayoría son tan pobres?

La única salida que se me ocurre es que necesitamos una educación de equidad e igualdad para todos, que se proponga la construcción de una sociedad justa basada en una economía sostenible, donde los derechos humanos sean respetados y la paz, en el sentido más amplio, sea la atmósfera que respiremos.