jueves, 2 de mayo de 2019

Revolución Obsolescencia: De papel a digital.

Os comparto artículo  realizado con motivo del final de la publicación en papel de la revista Organización y Gestión Educativa, del FEAE (Forum Europeo de Administradores de la Educación), cuyo contenido se centra en reflexionar sobre la revolución de la obsolescencia. Esperando que sea de vuestro interés.

Una parte importante del artículo:


"... todo en la naturaleza está regido por ciclos, como la propia vida, períodos temporales que se reinician justo al finalizar. Y esos ciclos, en nuestra historia más reciente, han sido especialmente acelerados. Tal es así, que podríamos decir que, entre las revoluciones más importantes a la que nos enfrentamos, en nuestros días, estaría la de la obsolescencia, fruto de los avances de la ciencia y las tecnologías, muy especialmente Internet. Dicen los estudiosos del tema que los que vivieron hasta, aproximadamente, mediados del siglo pasado podían pasar su existencia y trabajar toda su vida con lo aprendido en su juventud, es decir, las personas aprendían una profesión u oficio y podían ejercerlos durante toda su vida laboral, sin grandes actualizaciones o sobresaltos. El ciclo vital de las personas era más corto que los grandes cambios en los usos y costumbres del trabajo y las profesiones. Sucedía algo parecido con el uso de los aparatos, que se podían usar hasta que, normalmente por el uso, se estropeaban y dejaban de funcionar. Hoy es absolutamente impensable poder ejercer una profesión solo con la formación inicial, pues los conocimientos avanzan tan rápido que, en solo tres o cuatro años sin actualizarnos, estaríamos en grave riesgo de actuar para un mundo que ya ha dejado de existir. Y, menos aún, podríamos decir de usar, muchos de los aparatos de los que disponemos, hasta que dejen de funcionar, pues para entonces, habrán dejado de sernos útiles y funcionales, pues existirán otros que los superarán en prestaciones y características.

Fruto de ese fenómeno llamado obsolescencia, nos vienen diciendo desde hace tiempo, que es necesario mantenernos en formación a lo largo de la vida, como forma de supervivencia. En ese sentido, José Antonio Marina (2016) afirma que «Para sobrevivir, las personas, las empresas y la sociedad necesitan aprender al menos a la misma velocidad con que cambia el entorno; y para progresar, deben hacerlo a más velocidad que el entorno».

Alvin Tofller, escritor y futurista de EEUU, por su parte, en su obra de “la tercera ola”, publicada en 1979, nos anuncia la configuración que tomará el mundo después de la era industrial, ello supone la superación de los modelos de economía, de gobierno, comunicaciones, etc., además, asegura este autor, que los cambios y las transformaciones en los diferentes ámbitos, no son independientes entre sí, si no que están relacionados y son parte de la misma lógica de los fenómenos generales que vienen aconteciendo. Pero, también nos dice, que para entender la tercera ola debemos comprender las dos anteriores, la primera “la revolución agrícola” y la segunda “la revolución industrial” y naturalmente todos los cambios de modelo social, económico y productivo que ambas llevan consigo. Y, en consecuencia, con ello llega a afirmar que Los analfabetos del siglo XXI, no serán aquellos que no sepan leer y escribir … sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender.

El profesor Antonio Rodríguez de las Heras Rodríguez de las Heras (2002), en su ya dilatada vida de experto dedicado a indagar y profundizar en los cambios y transformaciones que operan en el mundo las tecnologías de la información y la comunicación, nos habla del tercer espacio del siguiente modo: “A los dos espacios seculares para la transmisión de los conocimientos, el espacio arquitectónico del aula y el espacio de lectura de la página, se ha unido un tercer espacio: el de la pantalla electrónica… Es otro espacio, que debe situarse junto a los otros dos. Pero no creo acertado pretender que la página o el aula se sustituyan, sin más, por la pantalla electrónica.” Esta visión se ve reforzada con la idea de que la pantalla electrónica dilata el espacio físico natural de los espacios seculares, y más adelante afirma que “sería infrautilizar el nuevo espacio si lo limitamos a reproducir aquello que ya está bien rodado en los otros dos. Y nos propone dos reglas para la incorporación del nuevo espacio: “1) No trasladar a él las actividades que se realizan en los otros dos espacios sin aplicar cambios severos que las reajusten a las características del nuevo medio, y 2) explorar qué trae de nuevo, descubrir aquello que en los otros dos espacios no se puede dar o de forma muy limitada, y explotarlo.”

Para leerlo completo pincha aquí. 
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