miércoles, 28 de octubre de 2015

La práctica reflexiva.



Desde que di los primeros pasos de mi ejercicio profesional como docente, o quizás antes, cuando trabajé como educador para pagarme los estudios, inicié un camino que no sabía bien a donde me llevaría. Hoy, felizmente jubilado, empiezo a entender el acierto que fue dedicarme a la educación. Pero el camino no siempre fue fácil, pues a los que somos autoexigentes todo nos cuesta más esfuerzo y sacrificio por nuestro afán de perfeccionismo, aunque el resultado final de nuestro esfuerzo no sea siempre tan bueno como nos proponemos, pero, por nuestro modo de ser, no somos capaces de liberarnos de la presión autoimpuesta de tener que hacer lo que en cada momento tengamos entre manos.

En ese camino se leen muchos libros y artículos, se asiste a curso de formación, a conferencias, a congresos, se participa en muchas reuniones dentro y fuera de las instituciones educativas, etc., buscando siempre la respuesta a la eterna pregunta de cómo enseñar, o ser buen docente. Hasta que un día ya vislumbras que no existe una respuesta, que solo la actitud abierta, reflexiva y flexible de trabajo constante y con ética profesional, puede ayudarte a caminar por el sendero acertado. Lo demás se va alcanzando en ese caminar.

Uno de los refugios más importantes que encontré, en mi caso, en ese caminar, es decir en estos años de vida dedicada a la educación, ha sido la lectura, pues, entre otras razones, no siempre me fue fácil encontrar compañeros de viaje dispuestos a investigar y compartir lecturas e inquietudes.  Así pues, en ella iba encontrando, a la vez que me iba revelando, fragmentos de la verdad buscada, al tiempo que, otras lecturas, me desilusionaban y me hacían dudar sobre la calidad de algunas publicaciones y, me hacía pensar, en la necesidad de que alguien debería poner orden, para que determinados textos fueran declarados no necesarios de ser publicados, ni que vieran la luz, ya que su contenido podría ensombrecerla.

Pero hoy precisamente quiero, entre otras razones porque es el último que acabo de leer, traeros unas breves reflexiones sobre un libro que hace una propuesta demasiado interesante para la formación y la comprensión de la tarea docente. Se trata de “La práctica reflexiva” de Angels Domingo y M. Victoria Gómez. Esta obra fruto de una larga investigación, no sola teórica, sino también de puesta en práctica de lo encontrado, que nos ilumina un camino que debería ser uno de los ejes formativos esenciales de los docentes. Pues nos aporta las bases teóricas, los modelos y los instrumentos para iniciarnos y caminar por un sendero que nunca debemos abandonar, si verdaderamente queremos mejorar de manera permanente en el ejercicio de nuestra, cada vez más, compleja profesión, aunque hagamos incursiones por otros vías para retroalimentar nuestra competencia reflexiva que tan clara y bien descrita se encuentra en esta obra. Además pienso y he repetido, quizás en demasiadas ocasiones, que el mejor camino para la formación docente debe basarse en la reflexión crítica sobre la práctica, retroalimentada por el conocimiento que la comunidad científica nos aporta en cada momento sobre la materia. Afortunadamente para este importante aspecto de la formación docente, la Universidad Alfonso X el Sabio, ya la ha incluido como asignatura en sus planes de estudio.

Aunque no voy a tratar de resumir aquí el contenido de este trabajo, sí querría destacar algunos de los que, para mi, son los aspectos esenciales que aportan sus autoras para entender mejor cual debe ser una de las luces imprescindibles que necesitamos para que ilumine el camino de nuestra profesión. Y es que los profesionales de la educación del siglo XXI necesitamos tomar conciencia del mundo del que venimos, es decir tenemos que mirar hacia atrás para caminar hacia adelante y así entender nuestra sociedad, porque conocer nuestro origen nos iluminará para avanzar hacia el futuro, pues necesitamos conocer los cambios y los paradigmas reflexivos de la profesión. Y, todo ello, se nos ofrece con el rigor y la claridad necesarios para ser entendidos y aplicables a la práctica docente.

Igualmente, las autoras, nos revelan como tomar conciencia de las intenciones y motivaciones, personales y ajenas, para actuar profesionalmente, en función de los resultados que buscamos, ya que es una necesidad que todo docente debe manejar para no perderse en el laberinto de los modelos pedagógicos y otras teorías que, a veces, nos pueden distraer de lo que es realmente importante para la escuela.
En definitiva si caminamos hacia la formación del profesional reflexivo que se propone en la obra de la mano de Shön, podemos tener la certeza de que descubriremos nuestro propio camino y que, por fuerte que sean los vientos que soplen, que lo hacen, sabremos encontrar el sendero, y mantener el rumbo, que nos guíe al mejor destino, que es ser docentes reflexivos, conscientes y críticos de nuestra práctica.


Referencia:

Domingo, À., & Serés, M. V. G. (2014). La práctica reflexiva: bases, modelos e instrumentos (Vol. 128). Narcea Ediciones.