lunes, 16 de febrero de 2015

Democracia y educación

Si tuviéramos el tiempo y el espacio suficiente para leer más y descubrir lo ya conocido y escrito, seguramente, necesitaríamos escribir y descubrir algo menos de lo que lo hacemos a diario. Me viene a la mente esta idea, cuando pensaba en escribir algo sobre el papel que debe jugar la escuela en la formación democrática de los ciudadanos. Especialmente, puede ser interesante, en un año salpicado de procesos electorales en España, pero incluso en otros lugares donde no se dé esa circunstancia. Pues las reformas educativas constantes en nuestro país, deben interpretarse como algo que despierta un interés desmesurado en la clase dominante, partidos políticos, para tratar de hacer un sistema educativo a su imagen y semejanza, o simplemente, por la ineficacia y la incapacidad de los partidos políticos y sus dirigentes por no demostrar tener la cordura necesaria para trabajar por el bien común, más allá de intereses torticeros, y alcanzar acuerdos de estado que saquen al país de la montaña rusa en la que viven los docentes desde hace décadas. Y por como se dibuja el mapa político en estos momentos, seguramente, aún no lo hemos visto todo.

Pero siguiendo el hilo de lo que decíamos al principio, obras como “Democracia y educación” de J. Dewey 1916, o casi un siglo después, en menor medida, la de Beane, J. A., & Apple, M. W. (1997) “Escuelas democráticas” (donde los autores seleccionaron cuatro experiencias de trabajo cotidiano), pueden ser buenos ejemplos de lo que decimos más arriba.


Sólo a título de ejemplo traigo un par citas del segundo libro, en primer lugar, sus autores  citan a James Mursell (1955, pg. 3), el cual ya hacía muchos años escribía una reflexión sobre el papel que debe jugar la escuela en una sociedad democrática y que nos parece realmente clarificadora: “Si las escuelas de una sociedad democrática no existen para el apoyo y la extensión de la democracia, y no trabajan por ello, entonces son o bien socialmente inútiles, o socialmente peligrosas. En el mejor de los casos, educarán a personas que seguirán su camino  y se ganarán la vida indiferentes a las obligaciones de ciudadanía en particular y de la forma de vida democrática en general … Pero es muy probable que las eduquen para que sean enemigos de la democracia: personas que serán presa de demagogos, y que apoyarán movimientos y se reunirán en torno a dirigentes hostiles a la forma de vida democrática. Estas escuelas o bien son fútiles o bien subversivas. No tienen una razón legítima de existir.”