domingo, 2 de diciembre de 2012

España: El triunfo de los mediocres. Por Forges




















Hoy quiero traer a primer plano la autocrítica que el bueno de Forges nos regala, no sin cierto pesar para los que somos, vivimos y hemos nacido en estas tierras de España.
En algún momento hemos tenido la tentación de explicar nuestro caso particular, pero no nos parecía relevante en este lugar que pretende aportar luz para entender la educación como el lubricante de la vida.

A todo lo que nos dice Forges se podrían añadir muchísimos casos de funcionarios relegados por el capricho de los politiquillos de turno, magníficos profesionales de todos los ramos del saber que por no llevar el carnet en la boca se ven ignorados y tienen que soportar ser dirigidos por quienes no han dirigido nunca nada, ni tienen capacidad para hacerlo. En fin podríamos abonar el campo de la mediocridad aún mucho más, pero quizá las palabras de Forges lo hagan mejor que yo.
   FORGES

 El triunfo de los mediocres
Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.
  Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.   Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.   Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. 

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años... Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.   Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio; los primeros en ser ascendidos en la oficina; los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y, a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros.   Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado  natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
- Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.

- Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.

- Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. 

- Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. 

- Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
 

- Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia personal sancionada.

- Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano; por políticos que insultan sin aportar una idea; por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza. 

- Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.