miércoles, 14 de enero de 2026

De la escuela que venimos a la que soñamos: educar desde el crisol de las emociones

De la escuela que venimos a la que soñamos: educar desde el crisol de las emociones

Hay momentos en los que la educación deja de ser un concepto abstracto y se convierte en experiencia viva, en encuentro, en pregunta compartida. La jornada que se celebrará en la Universidad Autónoma de Madrid no es solo un espacio académico más: es una oportunidad para detenernos, mirarnos como comunidad educativa y preguntarnos, con honestidad y esperanza, qué escuela hemos heredado y qué escuela estamos dispuestos a construir.

Mi intervención nace precisamente de ese tránsito. Del camino que va de la escuela que venimos a la que soñamos, un recorrido que no es lineal ni cómodo, pero sí profundamente humano. Un camino atravesado por emociones, dudas, convicciones, resistencias y aprendizajes que, con el tiempo, han ido dando forma al libro De la escuela que venimos a la que soñamos. El crisol de las emociones de un aprendiz de maestro.

Hablar de escuela es hablar de personas. De niños y niñas que llegan cada mañana cargados de historias invisibles. De docentes que sostienen la tarea educativa entre la vocación, el cansancio y la esperanza. De centros que funcionan muchas veces desde inercias heredadas, pero que también contienen un enorme potencial de transformación desde dentro. Por eso, esta reflexión no parte solo de marcos teóricos o modelos ideales, sino del crisol de la experiencia, de aquello que se vive, se siente y se aprende en las aulas reales.

En el libro —y en la intervención que compartiré— recorro tres grandes preguntas que siguen siendo urgentes:
¿De dónde venimos como sistema educativo?
¿Dónde estamos hoy, en un contexto de profundas tensiones sociales, tecnológicas y emocionales?
¿Y hacia dónde queremos ir si de verdad creemos en una escuela al servicio del bien común, la dignidad humana y la justicia social?

Soñar la escuela no es un ejercicio ingenuo. Es un acto profundamente político y ético. Soñar la escuela implica apostar por el cuidado, el bienestar, la convivencia, el liderazgo compartido, la evaluación que acompaña y no clasifica, la formación docente colaborativa, la apertura a la comunidad y a las tecnologías puestas al servicio del bien común. Implica, sobre todo, atrevernos a educar desde la esperanza, incluso —y especialmente— en tiempos de incertidumbre.

Esta jornada será un espacio para el diálogo, la escucha y la construcción colectiva. Un lugar donde las emociones no se entienden como un añadido, sino como parte central del aprendizaje y de la transformación educativa sostenible. Porque no hay cambio real sin implicación emocional, sin sentido, sin compromiso compartido.

Ojalá este encuentro nos ayude a seguir alimentando ese crisol. A reconocernos en lo que fuimos, a comprender lo que somos y a comprometernos con la escuela que aún está por venir.
La escuela que soñamos… y que necesitamos.


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