Hay momentos en la vida profesional —que para quienes amamos la enseñanza es, sencillamente, la vida misma— en los que el camino se detiene para mirar atrás, no con nostalgia, sino con la gratitud de quien reconoce las huellas que le han traído hasta aquí. Pero sin dejar de imaginar el futuro y proyectar lo aprendido para proponer la escuela que soñamos y necesitamos. Hoy, escribo estas líneas con el corazón ensanchado para agradecer profundamente al FEAE de Baleares la oportunidad de presentar mi libro: “De la escuela que venimos a la que soñamos. El crisol de las emociones de un aprendiz de maestro”.
Más que un conjunto de páginas encuadernadas, esta obra es el destilado de casi 50 años de una vida apasionada. Es una reflexión que busca ser serena, pero que nace del bullicio de las aulas, del eco de las risas y de la mirada curiosa de miles de niños y niñas que, cada mañana, cruzan el umbral de la escuela. Lo hacen con una maleta llena de esperanzas, confiando en que dentro encontrarán lo necesario para aprender a vivir y, sobre todo, para seguir aprendiendo mientras viven. Porque la motivación que siempre me ha movido ha sido lograr que cada niño y cada niña aprenda a diseñar y desarrollar proyectos de vida dignos de ser vividos.
La escuela como crisol y como meta
A menudo utilizo la metáfora del crisol, porque la educación es precisamente eso: un lugar donde las emociones, las resistencias y las inercias se funden para transformarse en algo nuevo. Mi propuesta no nace de la teoría abstracta, sino del barro de la realidad. A través de las diez claves que guían mi visión, busco ofrecer a mis compañeros docentes una brújula humilde pero rigurosa para navegar hacia esa transformación educativa sostenible que tanto urge.
Como bien sabemos en la línea de la educomunicación que defiende Ignacio Aguaded, la escuela no es un ente aislado; es un ecosistema de comunicación y afectos. Por eso, este libro es una invitación a:
Juntar voluntades: Porque el conocimiento verdaderamente útil no se transfiere, se construye en comunidad.
Unir esfuerzos: Reconociendo que, en la soledad del aula, somos frágiles, pero en la red del compromiso somos imparables.
Lograr juntos lo que por separado es inalcanzable: La utopía de una escuela mejor solo es posible si caminamos en la misma dirección.
Una invitación al compromiso
Quiero invitar a todos aquellos que aún mantienen vivo el deseo y el compromiso de educar. A quienes no se rinden ante las inercias y creen que la escuela pública puede y debe ser el motor de una vida digna para nuestro alumnado.
Mi agradecimiento al FEAEIB es, en esencia, un agradecimiento a todos los que creéis que la educación es el arte de preparar para la vida. Os espero para compartir estas reflexiones, para debatir sobre esas diez claves que fundamentan nuestra labor y, sobre todo, para seguir soñando juntos la escuela que nuestros niños y niñas merecen.
Nos vemos entre palabras, emociones y el firme propósito de mejorar la vida de quienes son la razón de nuestro oficio.
https://orcid.org/0000-0001-8035-0091

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