Encuentro DIM-EDU / AUDIOVISUALES DATA en Madrid (14 de octubre de 2026)
175ª JORNADA INTERNACIONAL DIM-EDU DE INNOVACIÓN PARA LA MEJORA EDUCATIVA.
“La Inteligencia Natural en tiempos de IA: Retos para la función docente y las organizaciones educativas”
Hay una pregunta que me acompaña desde hace muchos años y que ayer tuve la oportunidad de compartir en las jornadas de DIM-EDU, celebradas en la UNED de Madrid el 14 de octubre:
¿Por qué, a pesar de tanto esfuerzo, de tantas leyes y de disponer de más recursos que en otras épocas, nos cuesta tanto construir la escuela que realmente necesitamos?
Mi intervención, titulada Soñar la escuela que necesitamos, nació de esa pregunta y de los aprendizajes acumulados durante más de cincuenta años de relación con la educación, desde diferentes responsabilidades y, sobre todo, aprendiendo de tantos compañeros y compañeras que cada día intentan hacer mejor su trabajo.
No creo que para construir otra escuela tengamos que negar la escuela de la que venimos. Necesitamos comprender nuestra historia, reconocer lo que hemos aprendido y atrevernos a superar aquellas inercias y formas de hacer que ya no responden suficientemente a las necesidades de nuestro alumnado.
Para avanzar, considero que necesitamos cuatro condiciones que no dependen únicamente de la voluntad individual, sino de una construcción colectiva.
Creer, querer, saber y poder.
Creer en las posibilidades de cada estudiante, de cada docente y de la educación para transformar vidas. Querer implicarnos y comprometernos con la mejora, sin conformarnos con repetir lo que siempre hemos hecho. Saber, porque las buenas intenciones necesitan conocimientos, competencias profesionales y reflexión sobre la práctica. Y poder, porque ni la voluntad ni el conocimiento bastan si no existen las condiciones organizativas, los recursos, la autonomía y la colaboración que permiten convertir las ideas en realidad.
A partir de estas cuatro condiciones, compartí diez claves que, a mi juicio, pueden ayudarnos a avanzar hacia la escuela que soñamos.
Una escuela que sitúe el cuidado, el bienestar de las personas y la convivencia positiva en el centro de su proyecto. Que entienda que cuidar no es una tarea secundaria, sino una condición fundamental para aprender y crecer.
Una escuela en la que los docentes puedan desarrollar su profesión colaborando, compartiendo experiencias y reflexionando juntos sobre lo que sucede en sus aulas. Necesitamos superar el aislamiento y construir comunidades profesionales de aprendizaje en las que cada persona pueda aportar sus conocimientos al servicio de un propósito compartido.
También necesitamos centros que aprendan desde dentro, capaces de analizar sus dificultades, generar conocimiento y construir respuestas propias. Organizaciones que cultiven la confianza, la curiosidad y el pensamiento crítico, y que entiendan el liderazgo como una responsabilidad compartida, no como una tarea reservada a unas pocas personas.
El currículo debe ofrecer esperanza y preparar a nuestros estudiantes para afrontar los desafíos de un mundo complejo. Como nos enseñó Paulo Freire, no basta con esperar pasivamente que las cosas cambien: necesitamos una esperanza activa, que nos comprometa a trabajar para que el futuro que deseamos sea posible.
Para ello, la evaluación debe servir para aprender y mejorar, no limitarse a calificar. Necesitamos una escuela abierta a la sociedad, capaz de colaborar en redes y de integrar las tecnologías, incluida la inteligencia artificial, al servicio de la pedagogía y del bien común.
Pero ninguna transformación será sostenible si se limita a iniciativas aisladas. Debemos aprender de la experiencia, establecer metas compartidas, diagnosticar nuestras necesidades, desarrollar planes de mejora, evaluar los avances y consolidar aquello que funciona. Y necesitamos una supervisión educativa que, sin renunciar a sus responsabilidades, sepa acompañar a los centros, generar confianza y ofrecer una retroalimentación útil para mejorar.
Finalmente, todas estas claves adquieren sentido cuando recordamos la finalidad que debe orientar nuestro trabajo: construir una escuela al servicio del bien común, de los derechos humanos, de la dignidad de las personas, de la justicia social y de una ciudadanía democrática.
Sé que el camino no es sencillo. Las dificultades, las exigencias y las limitaciones que afronta el profesorado son reales. Por eso no basta con pedirle más esfuerzo. También debemos escuchar su voz, confiar en su criterio, favorecer la colaboración y crear las condiciones que hagan posible una mejora sostenible.
Comparto estas reflexiones desde mi experiencia y desde mi actual compromiso voluntario con la educación. Lo hago porque sigo creyendo que merece la pena compartir lo aprendido si puede ayudar a otros a pensar, iniciar una conversación o dar un pequeño paso hacia una escuela mejor.
Al terminar mi intervención, dejé una pregunta que me gustaría compartir también aquí:
¿Qué pequeño paso podrías dar mañana, en tu aula, en tu departamento o en tu equipo directivo, para empezar a construir la escuela que sueñas?
No necesitamos esperar a tener todas las respuestas ni a que otros tomen todas las decisiones. Podemos comenzar por comprender mejor nuestra realidad, escuchar a quienes nos rodean y actuar juntos sobre aquello que está a nuestro alcance.
Como parte de mi compromiso voluntario, pongo temporalmente a disposición de las personas interesadas el ebook de mi libro De la escuela que venimos a la que soñamos. El crisol de las emociones de un aprendiz de maestro. Quienes deseen recibirlo gratuitamente pueden escribirme en: https://forms.gle/xp3pJs5Qwnt73r6e7
Gracias a Pere Marqués y a toda la comunidad DIM-EDU por ofrecer espacios para compartir, aprender y seguir pensando juntos en la educación.
Porque transformar la escuela no significa negar lo que somos, sino comprenderlo para poder transformarlo. Y porque la educación, en su esencia, es un viaje compartido de búsqueda y transformación social.
Mi esperanza sigue siendo la misma: que la escuela y la educación ayuden a que cada niño y cada niña aprendan a diseñar y desarrollar proyectos de vida dignos de ser vividos.
Para cualquier otra inquietud queda a disposición en: pnavareno@gmail.com.
https://orcid.org/0000-0001-8035-0091









