sábado, 7 de noviembre de 2026

El futuro se enseña hoy: crónicas y aprendizajes desde el Congreso Nacional de Digitalización Educativa.

Cuando la tecnología se pone al servicio de la mirada pedagógica, del cuidado y del cómo aprendemos.

Sentarse en la butaca del Paraninfo de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Albacete, rodeado de 500 profesionales de la educación procedentes de toda España, es un regalo para quien, tras más de cincuenta años dedicados a la educación, sigue sintiéndose un aprendiz de maestro. Durante el jueves 5 y la mañana del viernes 6 de noviembre, he asistido al Congreso Nacional de Digitalización Educativa: «El futuro se enseña hoy», organizado por el INTEF y la Consejería de Educación de Castilla-La Mancha. Y lo he hecho intentando practicar aquello que la ciencia cognitiva nos recuerda a diario: poner toda la atención en lo que escuchamos, porque sabemos bien que lo que no logra entrar en nuestra memoria de trabajo jamás llega a aprenderse.

Mi primera impresión personal es de gratitud y reconocimiento hacia la organización. El congreso ha tenido una extraordinaria altura de miras. En encuentros de esta envergadura no siempre es fácil lograr que cada ponencia tenga sentido propio y, a la vez, encaje como una pieza de orfebrería con la siguiente. Aquí se consiguió con creces: cada interviniente abordó una temática pertinente y complementaria, permitiéndome aprender cosas nuevas y, al mismo tiempo, confirmar mucho de lo que el estudio diario me viene aportando en esta etapa de mi vida.

Del despliegue tecnológico al propósito educativo.

Como sintetizó magníficamente en la clausura Mónica Domínguez García, Directora General de Evaluación y Cooperación Territorial del Ministerio, el programa nos llevó de la mano por un viaje muy bien trazado (ver sesión del jueves y sesión del viernes).

Tras las palabras inaugurales de la ministra Milagros Tolón y de la viceconsejera Mar Torrecilla, Julio Albalad abrió el telón haciendo balance de los cinco años del Plan de Digitalización (2021-2026): más de 240.000 aulas dotadas y más del 80 % del profesorado acreditado. Pero lo más valioso fue su advertencia a través del famoso experimento del «gorila invisible»: el riesgo de ceguera por desatención si miramos los dispositivos y olvidamos el foco, que son nuestros alumnos. En esa misma línea de rigor institucional, Miguel Vila nos presentó la actualización de la Guía sobre el uso de la IA en educación del INTEF, estructurada con gran acierto en aprender y enseñar sobre, para y con la inteligencia artificial, mientras que el viernes Cristina Valdera (CEDEC) nos contagió su entusiasmo recordándonos que la soberanía digital y la calidad pedagógica ya tienen casa propia en los Recursos Educativos Abiertos (REA) y en la renovada herramienta eXeLearning, que permite crear, adaptar y compartir en comunidad.

Contra los «pueblos Potemkin»: la alegría de pensar y de crear.

El corazón reflexivo del congreso latió con fuerza al abordar las luces y sombras de la inteligencia artificial. Jorge Calvo nos dejó una metáfora visual inolvidable: los «pueblos Potemkin», esas fachadas deslumbrantes pero huecas que se levantaban en Crimea para engañar a la emperatriz Catalina II. Cuando el alumnado delega su esfuerzo en la IA sin base previa, cae en la descarga cognitiva y en la ilusión de comprensión: grandes fachadas de productividad inmediata donde, al abrir la puerta del aprendizaje real, no hay nadie dentro.

Recogiendo ese guante, Carlos Magro nos regaló una reflexión de hondo calado humanista. Educar no es acumular respuestas rápidas, sino habitar el tiempo que media entre la pregunta y la respuesta; es sostener las costuras, la fricción y el umbral. La escuela es un lugar que cuida y que debe provocar el deseo y «la alegría de pensar» a través de esas dificultades deseables que nos hacen crecer junto a los otros.

Esa llamada a la agencia humana se completó el viernes con Jesús Moreno León, quien comparó el consumo acrítico de herramientas comerciales con un menú escolar de ultraprocesados frente a la «cocina fresca» del pensamiento computacional: no basta con que el alumnado consuma tecnología opaca; debe aprender a construirla para comprender cómo funciona. 

Y César Poyatos, en un precioso recorrido por los personajes de El Mago de Oz (el sentido común del Espantapájaros, la empatía irremplazable del Hombre de Hojalata, el coraje ético del León y el aprendizaje social de Dorothy), nos invitó a distinguir cuándo vamos en piloto automático y cuándo activamos el pensamiento reflexivo para que la IA piense con nosotros y nunca por nosotros.

Cuando la tecnología humaniza, protege y da voz.

La tarde del jueves se trasladó a la práctica con cinco talleres simultáneos que, por lo que pude compartir con otros compañeros en los pasillos, tuvieron una acogida excelente por la altísima calidad de sus contenidos. Personalmente, tuve la suerte de asistir a dos de ellos: «Cuando comunicarse depende de la tecnología» y «Tech necesito». Ambos me recordaron la cara más noble de la digitalización: aquella que derriba barreras y devuelve la voz y la autonomía a quienes más lo necesitan.

Ese mismo espíritu de cuidado impregnó la intervención de Iciar Castro (INCIBE), con dinámicas directas para proteger a los menores ante los riesgos reales de la red, y la mesa redonda autonómica con Juan José Mejías (Aragón), Nieves García Morán (Asturias) y Juan Carlos Palomino (Castilla-La Mancha), donde se abordó sin tapujos la necesidad de desconexión digital, la reducción de la burocracia y el papel de los adultos —docentes y familias— como modelos de bienestar. El broche de oro lo pusieron tres estudiantes de 2.º de Bachillerato del IES Andrés de Vandelvira (Lucía, Luis y Sergio), coordinados por su profesor Bernardo García Lozano, realizando en directo un programa de radio escolar con un aplomo, una mirada crítica y una frescura que dieron sentido a todo el congreso.


Una humilde reflexión personal: el eslabón de «cómo aprendemos»

Al volver a casa con la mochila llena, solo me queda compartir una humilde apreciación personal. Siendo totalmente comprensible por la amplitud del programa y el enfoque del encuentro, eché en falta haber entrado un poquito más a fondo en cómo aprendemos.

A lo largo de las dos jornadas, todos los ponentes coincidieron reiteradamente en una verdad fundamental: las tecnologías no son el fin, sino el medio para mejorar el aprendizaje del alumnado. Se habló con tino de descarga cognitiva, de atención y de los Sistemas 1 y 2 de Daniel Kahneman. Precisamente por ello —y quizá llevado por las reflexiones y lecturas en las que vengo trabajando últimamente sobre neuroeducación—, pienso que comprender cómo funciona nuestro cerebro para aprender es nuestra mejor brújula para actuar con prudencia y adecuadamente ante cualquier fiebre tecnológica.

El aprendizaje verdadero exige captar la atención para abrir la puerta de la memoria de trabajo (tan limitada y fácil de saturar entre pantallas), y requiere de ese esfuerzo cognitivo, de la emoción, de la conexión con los conocimientos previos y de la práctica evocadora para consolidarse en la memoria a largo plazo. Ningún algoritmo puede hacer por el alumno el viaje biológico y emocional de construir sus propias redes neuronales. Conocer cómo funciona ese proceso por dentro es lo que nos da a los docentes el criterio soberano para decidir cuándo una herramienta digital actúa como un andamio que impulsa la mente y cuándo se convierte en una muleta que la atrofia.

Me quedo con la certeza de que la innovación educativa seguirá teniendo siempre rostro, voz y corazón de maestro. Para quienes deseen revivir las ponencias o consultar los materiales, todos los recursos y grabaciones están (o estarán) disponibles en la web oficial del congreso: https://cndigitalizacion.intef.es/.

Gracias a Jesús Román Escudero Cruz, por la excelente conducción del congreso y  con tanta diligencia.

viernes, 30 de octubre de 2026

Cuando la inteligencia artificial entra en el aula, ¿quién se ocupa de que los estudiantes aprendan?

 

Una invitación a repensar el liderazgo pedagógico, el papel del profesorado y nuestra responsabilidad educativa ante la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial ha llegado a las aulas y lo ha hecho para quedarse. Está transformando la manera en que accedemos a la información, producimos contenidos, resolvemos problemas y nos relacionamos con el conocimiento. Sus posibilidades son enormes, pero también lo son los interrogantes que plantea a quienes tenemos la responsabilidad de educar.

Y hay una pregunta que, a mi juicio, deberíamos hacernos antes de dejarnos deslumbrar por sus posibilidades: ¿quién se ocupa de que los estudiantes aprendan?

Porque una cosa es utilizar inteligencia artificial para hacer más cosas, más deprisa y, aparentemente, mejor; y otra, muy diferente, es conseguir que nuestros estudiantes comprendan, piensen, desarrollen su autonomía, construyan conocimiento y aprendan a desenvolverse responsablemente en el mundo que les ha tocado vivir.

La tecnología puede ayudarnos, pero no puede sustituir la responsabilidad educativa. Puede ofrecer respuestas, pero no necesariamente despertar preguntas. Puede facilitar tareas, pero no garantiza aprendizajes. Puede personalizar determinados procesos, pero no reemplaza la mirada, la sensibilidad, el criterio y el compromiso de un buen docente.

Por eso, creo que el verdadero debate no debería centrarse únicamente en qué puede hacer la inteligencia artificial en el aula, sino en qué debemos hacer los educadores para que su incorporación contribuya realmente a mejorar la educación y la vida de nuestros estudiantes.

Este será el punto de partida de mi intervención en el I Encuentro Internacional de Educación IDECAP Arequipa 2026, con la ponencia:

«Cuando la IA entra en el aula, ¿quién se ocupa de que los estudiantes aprendan?»

Abordaremos tres cuestiones que considero fundamentales:

  • Liderazgo pedagógico: la necesidad de que las decisiones sobre la inteligencia artificial estén orientadas por un proyecto educativo y no únicamente por las posibilidades de la tecnología.

  • Uso crítico de la IA: aprender a utilizarla con criterio, autonomía, responsabilidad y sentido ético.

  • Responsabilidad por el aprendizaje: recordar que ninguna innovación tiene verdadero sentido educativo si no contribuye a que nuestros estudiantes aprendan mejor y se desarrollen como personas.

No se trata de estar a favor o en contra de la inteligencia artificial. Se trata de preguntarnos qué educación queremos construir y qué papel queremos desempeñar los docentes en ella.

Después de tantos años dedicados a la educación, sigo creyendo que nuestra profesión tiene una responsabilidad extraordinaria: ayudar a cada niño, a cada niña y a cada joven a construir un proyecto de vida digno de ser vivido. Y ninguna tecnología debería hacernos perder de vista ese propósito.

Os invito a compartir este encuentro y, especialmente, a participar en una conversación que nos concierne a todos los que creemos que la educación es una de las herramientas más poderosas para construir un futuro mejor.

Datos del encuentro

  • Evento: I Encuentro Internacional de Educación IDECAP Arequipa 2026.

  • Fecha: 15 de diciembre de 2026.

  • Horario: de 17:00 a 20:00 horas (Perú).

  • Modalidad: virtual, a través de Zoom.

  • Transmisión: @IDECAP.OFICIAL.

Nos encontramos para pensar, compartir y seguir aprendiendo. Porque la tecnología puede cambiar la escuela, pero somos los educadores quienes tenemos que conseguir que ese cambio merezca la pena.

miércoles, 21 de octubre de 2026

«Que la máquina no piense por ellos: la IA al servicio del maestro que enseña a pensar»


 Cuando la IA protege el esfuerzo de aprender.

Una tarde para pensar juntos con docentes del Perú.

Este sábado, 24 de octubre, a las 5:00 p. m. (hora de Perú), tendré la suerte de compartir unas horas con maestras y maestros peruanos en el curso «Neurodidáctica digital y recursos multimedia con IA», organizado por IDECAP y la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, la Alma Máter del Magisterio Nacional. Será en línea, por Zoom.

Digo «tener la suerte» y lo digo de verdad. Después de muchos años en las aulas y alrededor de ellas, he aprendido que a una formación nadie llega solo a enseñar: llegamos a pensar juntos. Voy con lo que he estudiado y con muchas preguntas, y sé que volveré con más de lo que lleve.

¿Por qué este tema, y por qué ahora?

La inteligencia artificial ha entrado en nuestras escuelas antes de que sepamos bien qué efectos tiene en el aprendizaje. Nuestros estudiantes ya la usan, muchas veces sin criterio y sin compañía. Ante eso caben dos tentaciones: el entusiasmo sin preguntas o la prohibición sin alternativas. Creo que hay un camino más sereno, porque no partimos de cero: lo que sabemos desde hace décadas sobre cómo aprendemos, que nos aporta la psicología del aprendizaje, sigue siendo un suelo firme sobre el que pisar.

La idea que guiará la sesión cabe en una frase: la IA solo ayuda a aprender cuando protege el esfuerzo del estudiante, no cuando lo sustituye.

Un estudio reciente con casi mil estudiantes de secundaria lo ilustra bien. Quienes practicaron matemáticas con un asistente de IA sin restricciones obtuvieron mejores resultados mientras practicaban, pero rindieron menos que sus compañeros cuando tuvieron que demostrar lo aprendido sin ayuda. Cuando la misma herramienta se configuró para acompañar sin dar las respuestas, ese daño se redujo en gran medida. Lo que marca la diferencia no es la máquina: es el diseño pedagógico. Es decir, es el docente.

Cuatro palabras y una pregunta.

Hablaremos de cuatro palabras que atraviesan cualquier aprendizaje, a cualquier edad: atención, compromiso activo, error y consolidación. Y de una pregunta sencilla que cada docente puede hacerse ante cualquier tarea o herramienta: ¿quién está haciendo el esfuerzo de pensar, mi estudiante o la máquina?

Un efecto multiplicador.

Hay algo que me conmueve de este momento. Un docente que aprende a usar bien la IA no mejora una clase: mejora cientos de horas de aprendizaje de muchos niños, niñas y jóvenes, durante años. Esa es la palanca.

Y lo más esperanzador es que lo esencial no depende de tener la mejor conexión ni los mejores equipos. Cinco minutos de repaso al empezar la clase, dejar que el estudiante lo intente antes de ayudarle, un aula donde equivocarse no da miedo… nada de eso cuesta dinero. La IA, bien usada, puede ayudar sobre todo al maestro que prepara: preguntas de repaso, fichas más claras, problemas adaptados a su grupo, que después se llevan al aula en papel. En una escuela rural sin internet, eso también es posible.

Porque el riesgo real no es solo que la IA piense por nuestros estudiantes, sino que agrande las distancias: que aproveche más quien ya tiene más. Que un maestro de la sierra, de la selva o de un barrio humilde de la ciudad cuente con los mismos criterios que cualquier otro es, para mí, una forma concreta de trabajar por la equidad y por el bien común.

Compartir es la mejor manera de aprender.

Como parte de este compromiso, comparto de forma gratuita una guía práctica para el profesorado, con rutinas paso a paso, ejemplos para educación inicial, primaria y secundaria, prompts y habilidades listos para usar, y fichas para trabajar en equipo. No es un recetario cerrado, sino una invitación a probar, adaptar y mejorar juntos.

Gracias a IDECAP y a la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle por la confianza. Y gracias, sobre todo, a cada maestra y cada maestro que dedicará su sábado por la tarde a seguir aprendiendo. Esa vocación es la que de verdad transforma la escuela.

Termino con la idea con la que cerraré la sesión: la medida que importa no es lo que el estudiante produce hoy con la herramienta, sino lo que es capaz de hacer una semana después, sin ella.

Si eres docente, te espero el sábado. Y si no puedes conectarte, escríbeme y encontraremos la forma de compartir: seguimos aprendiendo juntos.

No obstante, si has llegado aquí, te dejo de regalo la guía que te ayudará en tu tarea diaria.

Pincha aquí.

Pedro Navareño

https://reflexioneseducativa.blogspot.com/

viernes, 16 de octubre de 2026

¿Por qué no tenemos mejores escuelas?

 

Encuentro DIM-EDU / AUDIOVISUALES DATA en Madrid (14 de octubre de 2026)


175ª JORNADA INTERNACIONAL DIM-EDU DE INNOVACIÓN PARA LA MEJORA EDUCATIVA.

“La Inteligencia Natural en tiempos de IA: Retos para la función docente y las organizaciones educativas”

Hay una pregunta que me acompaña desde hace muchos años y que ayer tuve la oportunidad de compartir en las jornadas de DIM-EDU, celebradas en la UNED de Madrid el 14 de octubre:

¿Por qué, a pesar de tanto esfuerzo, de tantas leyes y de disponer de más recursos que en otras épocas, nos cuesta tanto construir la escuela que realmente necesitamos?

                                        Video de la presentación

Mi intervención, titulada Soñar la escuela que necesitamos, nació de esa pregunta y de los aprendizajes acumulados durante más de cincuenta años de relación con la educación, desde diferentes responsabilidades y, sobre todo, aprendiendo de tantos compañeros y compañeras que cada día intentan hacer mejor su trabajo.

No creo que para construir otra escuela tengamos que negar la escuela de la que venimos. Necesitamos comprender nuestra historia, reconocer lo que hemos aprendido y atrevernos a superar aquellas inercias y formas de hacer que ya no responden suficientemente a las necesidades de nuestro alumnado.

Para avanzar, considero que necesitamos cuatro condiciones que no dependen únicamente de la voluntad individual, sino de una construcción colectiva.

Creer, querer, saber y poder.

Creer en las posibilidades de cada estudiante, de cada docente y de la educación para transformar vidas. Querer implicarnos y comprometernos con la mejora, sin conformarnos con repetir lo que siempre hemos hecho. Saber, porque las buenas intenciones necesitan conocimientos, competencias profesionales y reflexión sobre la práctica. Y poder, porque ni la voluntad ni el conocimiento bastan si no existen las condiciones organizativas, los recursos, la autonomía y la colaboración que permiten convertir las ideas en realidad.

A partir de estas cuatro condiciones, compartí diez claves que, a mi juicio, pueden ayudarnos a avanzar hacia la escuela que soñamos.

Una escuela que sitúe el cuidado, el bienestar de las personas y la convivencia positiva en el centro de su proyecto. Que entienda que cuidar no es una tarea secundaria, sino una condición fundamental para aprender y crecer.

Una escuela en la que los docentes puedan desarrollar su profesión colaborando, compartiendo experiencias y reflexionando juntos sobre lo que sucede en sus aulas. Necesitamos superar el aislamiento y construir comunidades profesionales de aprendizaje en las que cada persona pueda aportar sus conocimientos al servicio de un propósito compartido.

También necesitamos centros que aprendan desde dentro, capaces de analizar sus dificultades, generar conocimiento y construir respuestas propias. Organizaciones que cultiven la confianza, la curiosidad y el pensamiento crítico, y que entiendan el liderazgo como una responsabilidad compartida, no como una tarea reservada a unas pocas personas.

El currículo debe ofrecer esperanza y preparar a nuestros estudiantes para afrontar los desafíos de un mundo complejo. Como nos enseñó Paulo Freire, no basta con esperar pasivamente que las cosas cambien: necesitamos una esperanza activa, que nos comprometa a trabajar para que el futuro que deseamos sea posible.

Para ello, la evaluación debe servir para aprender y mejorar, no limitarse a calificar. Necesitamos una escuela abierta a la sociedad, capaz de colaborar en redes y de integrar las tecnologías, incluida la inteligencia artificial, al servicio de la pedagogía y del bien común.

Pero ninguna transformación será sostenible si se limita a iniciativas aisladas. Debemos aprender de la experiencia, establecer metas compartidas, diagnosticar nuestras necesidades, desarrollar planes de mejora, evaluar los avances y consolidar aquello que funciona. Y necesitamos una supervisión educativa que, sin renunciar a sus responsabilidades, sepa acompañar a los centros, generar confianza y ofrecer una retroalimentación útil para mejorar.

Finalmente, todas estas claves adquieren sentido cuando recordamos la finalidad que debe orientar nuestro trabajo: construir una escuela al servicio del bien común, de los derechos humanos, de la dignidad de las personas, de la justicia social y de una ciudadanía democrática.

Sé que el camino no es sencillo. Las dificultades, las exigencias y las limitaciones que afronta el profesorado son reales. Por eso no basta con pedirle más esfuerzo. También debemos escuchar su voz, confiar en su criterio, favorecer la colaboración y crear las condiciones que hagan posible una mejora sostenible.

Comparto estas reflexiones desde mi experiencia y desde mi actual compromiso voluntario con la educación. Lo hago porque sigo creyendo que merece la pena compartir lo aprendido si puede ayudar a otros a pensar, iniciar una conversación o dar un pequeño paso hacia una escuela mejor.

Al terminar mi intervención, dejé una pregunta que me gustaría compartir también aquí:

¿Qué pequeño paso podrías dar mañana, en tu aula, en tu departamento o en tu equipo directivo, para empezar a construir la escuela que sueñas?

No necesitamos esperar a tener todas las respuestas ni a que otros tomen todas las decisiones. Podemos comenzar por comprender mejor nuestra realidad, escuchar a quienes nos rodean y actuar juntos sobre aquello que está a nuestro alcance.

Como parte de mi compromiso voluntario, pongo temporalmente a disposición de las personas interesadas el ebook de mi libro De la escuela que venimos a la que soñamos. El crisol de las emociones de un aprendiz de maestro. Quienes deseen recibirlo gratuitamente pueden escribirme en: https://forms.gle/xp3pJs5Qwnt73r6e7

Gracias a Pere Marqués y a toda la comunidad DIM-EDU por ofrecer espacios para compartir, aprender y seguir pensando juntos en la educación.

Porque transformar la escuela no significa negar lo que somos, sino comprenderlo para poder transformarlo. Y porque la educación, en su esencia, es un viaje compartido de búsqueda y transformación social.

Mi esperanza sigue siendo la misma: que la escuela y la educación ayuden a que cada niño y cada niña aprendan a diseñar y desarrollar proyectos de vida dignos de ser vividos.

Para cualquier otra inquietud queda a disposición en: pnavareno@gmail.com.




jueves, 15 de octubre de 2026

Gracias, Pere, por seguir creando espacios para aprender juntos.

 

Encuentro DIM-EDU / AUDIOVISUALES DATA " Madrid (14 de octubre de 2026)


175ª JORNADA INTERNACIONAL DIM-EDU DE INNOVACIÓN PARA LA MEJORA EDUCATIVA.

“La Inteligencia Natural en tiempos de IA: Retos para la función docente y las organizaciones educativas”

Ayer, 14 de octubre, tuve la oportunidad de participar una vez más en las jornadas de DIM-EDU, celebradas en la UNED de Madrid. Son encuentros que siempre me dejan algo valioso: nuevas ideas, experiencias que merece la pena conocer y, sobre todo, la satisfacción de comprobar que somos muchas las personas que seguimos pensando que la educación merece todo nuestro esfuerzo.

Quiero comenzar dando las gracias a Pere Marqués por su confianza al encomendarme la coordinación de una de las mesas de comunicaciones. Es una responsabilidad que agradezco y que, al mismo tiempo, me brinda la oportunidad de seguir aprendiendo de quienes comparten generosamente su trabajo, sus experiencias y sus propuestas de mejora educativa.

Una de las cosas que más valoro de estas jornadas es su dinamismo. Las presentaciones breves, las comunicaciones, las ponencias y las preguntas de los asistentes nos permiten acercarnos a muchas iniciativas en poco tiempo. Cada intervención abre una ventana, plantea una posibilidad o nos invita a mirar de otra manera algún aspecto de nuestra práctica educativa.

Y es que la educación necesita espacios como estos. Espacios para compartir lo que hacemos, contrastar nuestras ideas, aprender de los demás y descubrir que, aunque los contextos y las experiencias sean diferentes, nos une una preocupación fundamental: cómo conseguir que nuestras escuelas ayuden a aprender más y mejor, y contribuyan a construir una sociedad más humana y justa.

Después de tantos años dedicado a la educación, sigo convencido de que nadie tiene todas las respuestas. Por eso necesitamos escucharnos, preguntar, compartir lo que sabemos y reconocer también lo que todavía nos queda por aprender. La experiencia tiene valor cuando nos ayuda a seguir aprendiendo, no cuando nos hace creer que ya lo sabemos todo.

En mi caso, continúo participando en estos encuentros desde el mismo compromiso que me ha acompañado durante toda mi vida profesional: seguir aprendiendo y poner lo aprendido a disposición de quienes puedan encontrarle alguna utilidad. Ahora, desde mi jubilación, lo hago de manera voluntaria, porque creo que compartir lo que uno ha aprendido es una forma de devolver a la educación algo de todo lo que ella nos ha dado.

Gracias, Pere, por la confianza; gracias a la UNED por acogernos, y gracias a todas las personas que compartieron sus experiencias, sus preguntas y su trabajo. Y, por supuesto, gracias a quienes escucharon, preguntaron y contribuyeron a que el encuentro fuera también una oportunidad para pensar juntos.

Me quedo con una convicción que el tiempo no ha hecho más que reforzar: la educación mejora cuando dejamos de trabajar como islas y comenzamos a reconocernos como parte de una comunidad que aprende y se compromete.

Ojalá sigamos encontrándonos, compartiendo y construyendo juntos la escuela que necesitamos.

Un abrazo agradecido a toda la comunidad DIM-EDU.


sábado, 19 de septiembre de 2026

Guía para docentes: Cuando la IA entra en el aula ¿qué queda en manos del docente?


Gracias, por permitirme compartir y aprender juntos. 

Escribo estas líneas con el agradecimiento todavía caliente.

Gracias a la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guayaquil y a la Fundación CINAEM por la invitación a participar en la VI Jornada de Actualización Pedagógica Internacional. Y gracias, de forma muy especial, a Robert, por su amabilidad y por el cuidado con el que preparó cada detalle.

Pero el agradecimiento mayor es para ustedes. Para cada una y cada uno de los que estuvieron ahí, un viernes por la tarde, desde Ecuador, Colombia, Argentina, México y España, con las preguntas en el chat, con los números que se atrevieron a escribir antes de conocer el dato, con los comentarios que me hicieron pensar mientras hablaba. Una ponencia en línea puede ser un monólogo o puede ser una conversación. Ustedes la convirtieron en lo segundo.

Lo que quisimos compartir

La sesión se apoyó en cuatro bloques, y los resumo por si les sirve de recordatorio. Aunque conviene recordar que la exposición y argumentación del contenido fue mucho más de lo que aquí recogemos.

El contexto. Partimos de un dato que tenía apenas diez días: PISA 2025 midió por primera vez el uso de inteligencia artificial por el alumnado. Alrededor de la mitad de los estudiantes de quince años la usa cada semana para aprender, y nuestra región está por encima de la media de la OCDE. Pero lo que de verdad importa no es cuánto, sino para qué: investigar, resumir y escribir. Es decir, exactamente las tres operaciones donde ocurre el aprendizaje.

Cómo aprende el cerebro humano. Fue el bloque más largo y el que menos habló de tecnología, y no por casualidad. Cuatro mecanismos gobiernan cualquier aprendizaje (Stanislas Dehaene), a los once años y a los cincuenta: atención, compromiso activo, error y consolidación. Atender, actuar, equivocarse, consolidar. Cuatro palabras que no caducan cuando cambie la herramienta de moda.

La transformación del oficio. Si la herramienta no trae la pedagogía incorporada, la pedagogía la tiene que poner el docente. Ahí está el nuevo trabajo: diseñar, acompañar, interpretar, decidir con criterio y responder éticamente. Y cambiar la pregunta: de «¿usó inteligencia artificial?» a «¿qué actividad cognitiva realizó?». Porque si una tarea se resuelve con un solo mensaje, el problema no está en el estudiante: está en la tarea.

La caja de herramientas. Terminamos con lo aplicable el lunes: criterios para decidir antes, durante y después; un protocolo de rediseño; un filtro de diez preguntas para adoptar —o no adoptar— cualquier herramienta. Todo gratuito y todo utilizable, también, sin conectividad estable.

Una guía para que no se quede en una buena tarde

Porque informar no basta. Lo sabemos por la investigación y lo sabemos por experiencia: de una charla se sale convencido y tres semanas después no ha cambiado nada.

Por eso he preparado una guía teórico-práctica que desarrolla por escrito todo lo que allí apenas pudimos apuntar. No es un resumen de la ponencia: es el porqué. Cada práctica que propongo va acompañada de la investigación que la sostiene, de los límites de esa investigación dichos con franqueza, de qué hacer el lunes, de cómo hacerlo si en su escuela la conexión falla y de cómo comprobar, dentro de un mes, si ha servido de algo.

Está pensada para leerla con un lápiz al lado y para llevarla al claustro. Y está escrita desde una convicción que quiero dejar dicha con claridad: primero es la educación, después la pedagogía y solo al final las herramientas. Nunca al revés. Ninguna tecnología nos dirá qué clase de personas queremos ayudar a formar; esa pregunta es nuestra y seguirá siéndolo.

Lo que de verdad multiplica

Llevo cincuenta años en esto y hay una cuenta que no me canso de repetir.

Cuando un docente mejora, no mejora un docente: mejoran los veinticinco, treinta o cuarenta estudiantes que tiene delante en cada grupo clase, que sumados a los grupos que imparte docencia, a veces son muchos. Y los del curso que viene. Y los del siguiente. Ningún oficio tiene ese efecto multiplicador. Ninguno.

Por eso, cuando alguien dedica un viernes por la tarde a formarse, no está haciendo un mérito personal: está haciendo algo que llega mucho más lejos de lo que verá nunca. Y no conozco tarea más digna que trabajar por el bien común desde el sitio en el que a uno le ha tocado estar.

A su disposición

Entre otras razones, para agradecer y apoyar ese esfuerzo, quedo a disposición de quien quiera seguir conversando: para resolver dudas sobre lo que contamos, para acompañar un claustro que quiera trabajar estos criterios en equipo, para preparar una sesión con su centro o su institución, o sencillamente para que me cuenten qué han hecho con todo esto, que es lo que más me interesa.

Escríbanme sin ningún reparo a consultoriapnavareno@gmail.com. Contesto siempre.

Gracias, de corazón, por estos noventa minutos.

Accede a la guía aquí

Estoy trabajando en una publicación que ampliará notablemente esta guía. Si estás interesado en ella, puedes escribirme a mi correo: consultoriapnavareno@gmail.com y decirme que te ha parecido esta versión y en qué debería insistir o ampliar. Por ello te estaría muy agradecido.

«Cuando la IA entra en el aula, ¿qué queda en manos del docente?» · Manual teórico-práctico para el profesorado · Pedro Navareño Pinadero · Licencia CC BY-NC-SA 4.0


viernes, 11 de septiembre de 2026

Cuando la IA entra en el aula. ¿Qué queda en manos del maestro?

 

#AEF_FILOUG || Invita 📚💻

🌎🇦🇷🇪🇨🇨🇴🇪🇸🇮🇹 ¡VI Jornada Internacional de Actualización Pedagógica!

La Asociación de Estudiantes de Filosofía (AEF_FILOUG) te invita a participar de este importante espacio académico, que contará con la participación de representantes de diferentes países.

📅 18 y 19 de septiembre

💻 Modalidad: Virtual – vía Zoom

📚 ¡No te pierdas esta oportunidad de fortalecer tus conocimientos y compartir experiencias en el ámbito educativo y pedagógico!

📝 Inscríbete llenando el siguiente formulario:

🔗 https://forms.gle/deQgBzrHVyryvomr5

#JuntosLogramosMás 🇮🇩

En la sesión reflexionaremos sobre esto y mucho más:

Afrontamos un hito histórico en el que la transformación educativa se vuelve urgente e inaplazable. La irrupción de la inteligencia artificial en las aulas ya no es una hipótesis de futuro, sino una realidad cotidiana. En este nuevo escenario, la cuestión clave que interpela a docentes, directivos y estudiantes no es la restricción de la tecnología, sino el discernimiento sobre aquello que permanece insustituible en la mediación pedagógica.

El verdadero desafío trasciende la mera incorporación de la IA: exige transformar de raíz nuestros modelos educativos para que la tecnología potencie la labor docente, humanice el proceso de aprendizaje y responda al compromiso ético de construir un mundo mejor.

1. El contexto actual: La IA ya está en la escuela

Ya no estamos debatiendo si la tecnología debe o no cruzar la puerta de la escuela. La inteligencia artificial generativa habita en los bolsillos de nuestros estudiantes y en las pantallas de nuestros centros educativos. Sin embargo, su sola presencia no garantiza una mejor educación; en muchos casos, amenaza con acelerar inercias obsoletas si nos limitamos a usarla como un sustituto rápido para realizar tareas o redactar respuestas mecánicas.

La escuela que heredamos se diseñó para un mundo donde la información era escasa y el docente era el principal transmisor del saber. En la era de la abundancia cognitiva, esa función instrumental se diluye. Si la máquina puede responder al instante a cualquier pregunta fáctica, ¿cuál es entonces el propósito del aula?

2. Enseñar y aprender con IA: Redescubrir la mente humana y transformar el rol docente.

2a. Cómo aprende el cerebro humano: Del esfuerzo al aprendizaje significativo.

Las neurociencias nos recuerdan una verdad fundamental: el cerebro solo aprende cuando se esfuerza, cuando procesa, cuando supera la fricción cognitiva. La consolidación de conexiones neuronales duraderas exige atención sostenida, elaboración propia y resolución de contradicciones entre lo que se sabe y lo que se busca comprender.

Si le pedimos a la IA que piense, sintetice y redacte por el alumno, estamos eliminando precisamente el andamiaje mental que genera el conocimiento. El resultado es la llamada "deuda cognitiva": un fenómeno en el que delegar el esfuerzo intelectual en la tecnología debilita la capacidad crítica, el razonamiento profundo y la autoría del estudiante.

2b. Transformación del rol y competencias docentes

Ante esta realidad, lo que queda en manos del docente no es poco; es, de hecho, todo lo esencial:

• La mirada humana y la ética del cuidado: La empatía, el acompañamiento emocional y el juicio ético no se pueden programar.


• El diseño de experiencias de aprendizaje: Dejamos de ser reproductores de contenidos para convertirmos en arquitectos de contextos educativos significativos.


• El discernimiento pedagógico: Delegar en la máquina lo rutinario, la automatización o la búsqueda inicial de datos, pero conservar intacta la mediación pedagógica que estimula la curiosidad y la reflexión.


3. Aplicación práctica: Prompts socráticos para activar el pensamiento

Si la IA puede darnos todas las respuestas, el verdadero valor pedagógico pasa a estar en saber formular las preguntas.

Para evitar la deuda cognitiva y promover el verdadero descubrimiento, la escuela no debe usar la IA como un consultorio de respuestas rápidas. Debemos invertir la lógica y plantear a la IA un modo de aprendizaje interactivo mediante prompts socráticos.

¿En qué consiste un prompt socrático?

En lugar de pedirle al chatbot: "Escríbeme un resumen sobre la Revolución Industrial", el estudiante o el docente deben configurar la IA para que actúe como un tutor que no da la solución, sino que guía el razonamiento a través de preguntas descabelladas, contraejemplos y retos analíticos.

Ejemplo de instrucción socrática para la IA:

"Actúa como un profesor socrático. No me des las respuestas a mis preguntas. En su lugar, hazme una pregunta a la vez para guiarme a descubrir por mí mismo los factores que desencadenaron el cambio educativo en mi comunidad. Si cometo un error, no me corriges de inmediato; plantéame una duda para que revise mi propia lógica."

De este modo, la tecnología se convierte en un espejo de pensamiento. Provoca esa fricción mental imprescindible para que el estudiante indague, ponga a prueba sus supuestos y construya conocimiento genuino con esfuerzo y autonomía.

Una invitación a soñar y construir la escuela que necesitamos

La llegada de la inteligencia artificial es una oportunidad histórica para desprendernos de inercias mecánicas y volver al corazón de la pedagogía.

No se trata de resistirse a la tecnología ni de entregarse sumisamente a ella. Se trata de humanizar la educación más que nunca. La máquina procesará datos, estructurará algoritmos y ofrecerá borradores; pero en manos del maestro queda el arte de encender la chispa del pensamiento crítico, de acoger la duda, de inspirar la búsqueda y de acompañar al ser humano en su desarrollo pleno.

Reinventar la escuela no es un lujo: es el compromiso ético que tenemos con las nuevas generaciones.