Desde el año 2015 venimos denunciando el riesgo que ocurriera un
Apagón pedagógico Global (APG), que tendría una expresión concreta en la
virtualización y la relocalización de una parte importante de los
procesos de enseñanza-aprendizaje en la casa. Esta tendencia al APG
había sido anunciada en varios documentos de las Bancas de Desarrollo y
de los organismos multilaterales.
Escalamiento del Apagón Pedagógico Global
Sin embargo, buena parte de la izquierda pedagógica desestimó este
escenario al considerarlo improbable. Comprender esta realidad implicaba
reconocer que estamos ante un reseteo planetario de la cultura
educativa, lo cual desafiaba muchas de las certezas construidas en el
campo de las alternativas pedagógicas. La más reciente publicación del
Foro Económico Mundial de Davos “Covid-19: el Gran Reseteo” (julio, 2020) confirma las valoraciones y análisis prospectivos que hacíamos hace años.
Siempre señalamos responsablemente, que no sabíamos cuál sería el
evento o el mecanismo para ello, pero que la tendencia del capitalismo
cognitivo de la tercera revolución industrial apuntaba en esa dirección.
El Covid-19 se convirtió en el evento que construyó
las condiciones de posibilidad para el desarrollo a escala planetario
del Apagón Pedagógico Global.
La transición entre la tercera revolución industrial a la cuarta
revolución industrial hizo inminente este acontecimiento. Esta
transición comportaba la consideración, por parte del capital, de
la obsolescencia de la máquina ducativa newtoniana de la primera y
segunda revolución industrial. Obsolescencia determinada por el impacto de la aceleración de la innovación en los procesos educativos.
La cuarentena sanitaria por la pandemia del Covid-19 obligó a generar
respuestas en materia de escolaridad y educación. Las medidas
educativas elaboradas por las burocracias de los ministerios de
educación, fueron construidas a partir de la apelación al concepto de
“emergencia”. La real emergencia sanitaria, fue usada para desarrollar
un giro inusitado, dramático y excluyente en la educación.
La llamada emergencia educativa sirvió de pretexto para que en la
mayoría de países se intentara dar continuidad a las labores escolares,
ya no en las escuelas, liceos y universidades sino “en casa” y por
mecanismos remotos, en su mayoría codificados al público bajo las
expresiones de “educación virtual en casa” y “universidad en casa”.
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